¿Cómo se habla con la inteligencia artificial?

La historia del caballo que “sabía” matemáticas
A comienzos del siglo XX, en Alemania, un caballo llamado Clever Hans (“Hans el Listo”) se convirtió en una celebridad. Su dueño, Wilhelm von Osten, afirmaba que el animal podía resolver operaciones matemáticas, leer palabras e incluso identificar días de la semana. Von Osten lo presentaba en plazas y circos por todo el país, donde Hans “respondía” preguntas golpeando el suelo con una pata: un golpe significaba “uno”, dos golpes “dos”, y así sucesivamente.
El fenómeno creció tanto que en 1907 se creó una comisión científica para investigarlo, liderada por el psicólogo Oskar Pfungst (del Instituto Psicológico de Berlín). Lo que descubrió fue fascinante:
Hans no sabía matemáticas. Lo que hacía era algo distinto, pero igualmente impresionante: leía las microexpresiones humanas.
Cuando el interlocutor conocía la respuesta correcta, Hans acertaba en cerca del 90% de los casos. Pero si la persona no sabía la respuesta, el caballo acertaba apenas un 6%.
En otras palabras, el caballo no entendía el problema, pero sí entendía a las personas. Captaba gestos, tensiones musculares y cambios mínimos en la postura que le indicaban cuándo detenerse.
Este caso pasó a la historia como el “Efecto Clever Hans”, y hasta hoy se usa en psicología e inteligencia artificial para describir cuando un sistema parece inteligente, pero en realidad solo está reaccionando a señales sutiles que no comprendemos del todo.
¿Qué tiene que ver Clever Hans con la IA?
Mucho más de lo que parece.
Las inteligencias artificiales modernas también aprenden por refuerzo, observando resultados y ajustando su comportamiento según “premios” (puntuaciones, aciertos o recompensas numéricas).
Así como Hans aprendía a detenerse cuando percibía una señal positiva de su entorno, una red neuronal ajusta sus pesos internos cuando una acción la acerca al resultado deseado.
Por eso, los humanos y las IA compartimos un mismo principio básico: aprendemos por feedback.
¿Cómo se conversa con una inteligencia artificial?
Ahora bien, la IA no “piensa” como nosotros. Su inteligencia es estadística, no emocional ni consciente.
Entonces, ¿cómo logramos comunicarnos con ella efectivamente?
Lo hacemos a través de un PROMPT (sí, se escribe “prompt”, no “prom”).
El término proviene del inglés to prompt, que significa “indicar” o “dar una instrucción”. En informática, se usa desde los años 60, cuando las primeras computadoras mostraban una línea de comando esperando que el usuario escribiera una orden (el famoso “command prompt”).
Con el auge de modelos de lenguaje como ChatGPT, “prompt” pasó a significar algo más amplio: la instrucción completa o contexto con el cual un usuario se comunica con una IA conversacional o generativa.
En otras palabras, el prompt es el idioma de la inteligencia artificial.
La importancia del lenguaje con la IA
En Chile, según encuestas recientes (por ejemplo, Ipsos 2024), alrededor del 55% de las personas ha probado alguna vez una IA conversacional como ChatGPT, pero solo un 15% la usa regularmente.
¿La razón? No logran obtener lo que esperan.
Y eso ocurre, en gran parte, porque no saben cómo hablarle.
Hablar con una IA no es escribirle como a una persona. Es estructurar un pensamiento con precisión y contexto, como si le dieras instrucciones a un experto que acaba de llegar a tu proyecto sin conocer nada previo.
Cómo crear un buen PROMPT
Un buen prompt tiene estructura, y puede resumirse así:
ROL + CONTEXTO + OBJETIVO + DETALLE/FORMATO
Veámoslo por partes:
- ROL: le dices a la IA quién debe ser.
Ejemplo: “Eres un profesor experto en redes neuronales” o “Actúa como un redactor de LinkedIn”. - CONTEXTO: le explicas dónde está y qué sabe.
Ejemplo: “Estoy preparando un artículo para emprendedores que recién están entendiendo qué es la IA”. - OBJETIVO: defines qué quieres lograr.
Ejemplo: “Necesito que expliques el concepto de aprendizaje por refuerzo con ejemplos simples”. - DETALLE o FORMATO: pides cómo quieres el resultado.
Ejemplo: “En un tono cercano, con subtítulos y ejemplos concretos”.
Ejemplos de buenos PROMPTs
Aquí algunos ejemplos prácticos que puedes incluir en tu blog:
Ejemplo 1: Educativo
“Eres un profesor universitario experto en inteligencia artificial.
Explícame de forma simple qué es el aprendizaje por refuerzo usando un ejemplo cotidiano, como entrenar a un perro.”
Ejemplo 2: Profesional
“Actúa como un reclutador de tecnología de un banco chileno.
Necesito una descripción de cargo para un desarrollador full stack con experiencia en microservicios y Docker.”
Ejemplo 3: Creativo
“Eres un guionista de YouTube especializado en divulgación tecnológica.
Redacta un guion breve (menos de 90 segundos) sobre cómo la IA cambió la manera en que aprendemos.”
Ejemplo 4: Negocios
“Eres un asesor de transformación digital.
Dame tres formas prácticas en que una pyme puede incorporar IA para mejorar su productividad, con ejemplos reales en Chile.”
Ejemplo 5: Marketing
“Actúa como un community manager experto en LinkedIn.
Escribe un post de alto impacto que invite a leer un artículo titulado ‘¿Es inteligente la inteligencia artificial?’ con tono profesional y cercano.”
Clever Hans nos enseñó hace más de un siglo que entender no es lo mismo que parecer que se entiende.
Las inteligencias artificiales actuales hacen algo similar: responden en función de señales, patrones y objetivos definidos por nosotros.
Por eso, si queremos que realmente “entiendan” lo que buscamos, debemos aprender a hablar su idioma: el idioma del prompt.
Dominar ese lenguaje no solo te hace mejor usuario de IA; te convierte en un traductor entre el pensamiento humano y el pensamiento algorítmico.
¿El Siguiente articulo hablara de cuan educado debes ser con la IA, o puedes darte licencias de tratarla como una maquina sin emociones?